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En este discurso Antenor Orrego aboga radicalmente por su partido político el APRA y por la extradición de su compañero Haya de la Torre quien es uno de los precursores del partido político además reclama los derechos que les son quitados a muchos de los peruanos como el derecho a opinar libremente, a gozar de tranquilidad y paz, a nos victimas del abuso, etc. Y para combatir todo esto propone algunos principios organizadores.


(Discurso pronunciado en la Plaza de Trujillo)


¡Pueblo de Trujillo!


    El país acaba de librar una nueva jornada cívica en defensa de sus libertades conculcadas. No será la última porque estamos comenzando apenas la reivindicación de nuestros derechos. No hay que olvidarlo. Estemos con el ojo atento y con el brazo y el corazón prestos para la batalla. Nuestras libertades ciudadanas son simples y pomposas teorías que sólo existen escritas en el papel. En la practica somos un pueblo de esclavos. Aúnen estos momentos se pone en tela de juicio el derecho que tiene un ciudadano eminente como Haya de la Torre para ingresar a su país. Aún para magistrados, para los llamados hombres de la ley, más leyes son meras paparruchas sin importancia. Todavía no hemos practicado ni se practican desde el gobierno los derechos más elementales del hombre. Estamos completamente desorganizados material, espiritual y moralmente.


    Me pregunto yo, ¿qué crimen colectivo y ancestral ha cometido nuestro país para que le toque en suerte semejante vergüenza? ¿Hasta cuándo no seremos capaces de redimirnos? Hablamos de democracia y nuestros mejores hombres están tácitamente perseguidos los unos, desterrados los otros. Hablamos de orden legal y estamos sometidos a la peor y más monstruosa de las violencias. Hablamos de Justicia y nuestras masas de trabajadores están hambrientas y oprimidas. Hablamos de libertad y el pueblo está ya perdiendo la noción de opinar libremente.


    Contra este desorden y contra esta subversión el Partido Aprista Peruano propugna sus principios organizadores. Es curioso que los eternos conspiradores, los pequeños grupos oligárquicos de Lima, que en todo tiempo han subvertido los intereses de las mayorías nacionales, nos llamen a nosotros subversivos, a nosotros los apristas que hemos dotado al país de un partido perfectamente organizado y con una sólida doctrina económica política, la única que puede salvarnos del desorden, de la injusticia, de la miseria y de la violencia en que vivimos.


    Oigamos la palabra del Jefe del Partido:


    «El Partido Aprista no pide privilegios especiales, ni ha pretendido entrar en la distribución de los puestos públicos, botín de victoria. El Partido Aprista sólo pide libertad: de opinión, de organización y de sufragio. Pide exclusivamente el uso de medios legales para el desarrollo de su acción política. A nuestra demanda solo se ha respondido con la violencia. Nosotros resistiremos hasta que sea posible resistir esta forzosa incitación a la violencia».


    «La tarea inmediata de nuestro partido es exigir libertad de palabra, de prensa, de organización en nombre de los derechos elementales de todo pueblo que se llama libre. Y estas libertades no las pedimos solo para nosotros. Queremos que todos los ciudadanos del país puedan ejercerlas, salvo los que estén conde­nados por los jueces. Consecuentemente reclamamos el efectivo establecimiento de los derechos individuales, no como gracia, sino como justicia sin privilegios para nadie».


    Nosotros los apristas tenemos el pecho inflamado con un ideal político que cumplir. Estamos movidos no por intereses subalternos, sino por una doctrina. Nuestra campaña es de persuasión y no de mercenarismo político ni de capitulerismo electoral: No queremos el triunfo por el triunfo mismo, sino por el triunfo del orden, de la honestidad y de justicia. Queremos que venga el jefe del Partido y los demás líderes para organizar políticamente este país desorganizado.


    Exijamos que ingrese al país Haya de la Torre. El Perú no puede prescindir del cerebro y de la acción inmediata de este hombre eminente, honra de América y de la raza. No exigimos sino que se cumpla un precepto de la carta fundamental. ¿Es acaso Haya de la Torre un delin­cuente? ¿Está acaso colocado fuera de la ley? ¿Por qué se quiere prescin­dir de su colaboración luminosa y decisiva en estos momentos, a la vez de liquidación y de reconstitución política?


    ¡Pueblo de Trujillo!

    ¡Camaradas!
 

    Viva el Partido Aprista Peruano

    Viva Víctor Raúl Haya de la Torre.


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Instituto de Investigaciones Cambio y Desarrollo (CYDES). Antenor Orrego: Obras Completas . Editorial Pachacutec. Primera Edición, Setiembre de 1995. Tomo V, pag. 183-184

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