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A mediados de la segunda década de este siglo insurge en Trujillo hacia 1915 una  pléyade de intelectuales, un grupo homogéneo de jóvenes artistas anhelosos de decir su mensaje. El nombre del grupo salió espontáneamente. Se le comenzó a mencionar, junto al inventor de este, César Vallejo. Desde el inicio se declararon anti–universitarios. Fue una generación que se opuso violentamente contra lo establecido y si asistieron a los claustros docentes era para conocer al “ogro desde sus entrañas” (La Universidad desde adentro) y para reformarla.

 

“Los jóvenes vamos a las aulas a buscar vida espiritual intensa; a dila­tar, ennoblecer y enriquecer nuestra conciencia; a conocer y comprender el espíritu de la época que vivimos; a buscar maestros que guíen y encaucen nuestra curiosidad y nuestra urgencia vital; no vamos a fosilizar nuestro cerebro con una erudición empachosa y muerta; no vamos a engullirnos clasificaciones anacrónicas, yertas y antipedagógicas sin la más tenue  conexión con la realidad espiritual que vivimos; no vamos a aprender solamente  frases pomposas que nos permitan confeccionar discursos grandilocuentes que no hemos vivido nunca y que no tengamos la decisión , la vivir después con nuestro ejemplo; no queremos hacer retórica, quere­mos hacer vida; no queremos mentir, no queremos estrangular nuestra generosa lealtad juvenil, no queremos esterili­zar la vigorosa y expansiva fecundidad de nuestros años mozos, no queremos despilfarrar los fervores de nuestra ju­ventud en disciplinas envejecidas inútiles que no tienen, fuera del claustro y del grado, ninguna eficiencia espiri­tual”

Además consideraban que el obtener un título, era contribuir a la propagación de la farsa. Por tales razones muchos de los jóvenes abandonaron las aulas, o concluyeron la carrera, pero, en protesta rehusaron titularse o graduarse.

“Que la Universidad no llena, entre nosotros, la altísima misión espiri­tual a que está destinada, se comprueba con el hecho bastante revelador de que los jóvenes de espíritu más enérgico, que no se resignan a estancar su  cultura en una época medioeval, se ven en la necesidad de pres­cindir de las disciplinas universitarias, ocurriendo al úni­co camino que les queda: al aleccionamiento autodidáctico, a la propia didactalia, al esfuerzo pura, exclusiva y heroicamente personal. El estudiante, que no va solamente tras un título académico al terminar sus estudios se ve en el caso de recomenzar nuevamente su cultura, desaprendiendo lo aprendido; esforzándose por arrojar al canasto del olvido toda la erudita balumba de clasificaciones; toda la hojarasca libresca de los textos que no le sirven después, ni para vivir, ni para pensar, ni para ser mejor.”

Antenor Orrego es considerado mentor y guía de esta generación, un grupo juvenil, inteligente y artista, unido por cordiales vínculos  y afinidades espirituales; además, por su inquietud y capacidad para la acción.

Esta joven generación vivió momentos muy significativos al librar una heroica campaña contra todo lo que significaba domesticidad, rutina y servicio, como tiempos pasados. Algunos de estos pensamientos se recopilaron en diarios como:”La Reforma”, “La Libertad”, “El Norte”, voceros que serian utilizados prudente y hábilmente durante 10 años. Este grupo de artistas e intelectuales nos dan una clara muestra de fuerza innovadora y creadora, con un espíritu de rebeldía y el rechazo a  las autoridades de su tiempo.

Los integrantes de este magno grupo eran Antenor Orrego, César Vallejo, Raúl Haya de la Torre, Alcides Spelucín, Francisco Xandóval, Macedonio de la Torre, José Eulogio Garrido, Oscar Imaña, Eloy B. Espinoza, Juan Espejo Asturrizaga y Federico Esquerre.

Nadie niega hoy las vastas proyecciones de la Generación del Norte, portavoces de un mensaje nuevo, personal y americano. La casa de José Eulogio Garrido fue uno de los tantos centros de concentración, con su amplio patio colonial; ora en la GarÇoniere de Juan Espejo, donde fraternas manos femeninas curaban del café en las prolongadas veladas de los contertulios; ora en casa de campo de Orrego, reuniéndose para la plática inteligente y elevada, para la lectura pertinente, y para la crítica constructiva y fraterna de la propia obra.

En tales ambientes elaboraron su propias creaciones: Vallejo escribe “Los Heraldos Negros”; Spelucín, “El libro de la Nave Dorada”; Xandóval, “Canciones Maya”; Garrido, “Carbunclos”; Macedonio (pintor, músico, escultor); Esquerre (ágil cronista); Víctor Raúl, “Excombatientes y desocupados”; Eloy (Benjamín); Espejo “Montaña Iris” e Imaña que decidió alejarse del grupo.

 

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Rivero - Ayllón, Teodoro. Antenor Orrego: Meditaciones sobre la Universidad. Editorial Trilce. Primera Edición, 2003

Rivero - Ayllón, Teodoro. Haya de La Torre y El Grupo Norte. Editorial Trilce. Primera Edición, 2005

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1 comentario

no se sapo eres -

mejor vayanse a hacer otra cosa no saben naa
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