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La problemática educativa, incluida la universitaria, ha sido tema de discusión de pedagogos e intérpre­tes de la realidad peruana que expusieron sus ideas a tra­vés de la prensa y la cátedra. Algunos prefirieron solicitar el apoyo de "misiones" extranjeras para diseñar el sistema edu­cativo de nuestro país, y optar por modelos ajenos a la realidad nacional.

Las reformas educativas han sucedido sin evaluar sus resultados. Las universidades han vivido periodos de auto­nomía y cambio.  Antenor Orrego se ha ubicado más en el terreno de la filosofía, de la crítica literaria y del estudio de la realidad peruana y latinoamericana.

EL SENTIDO DE LA EDUCACIÓN

La formación del hombre ocupa un  lugar predi­lecto en el pensamiento de Antenor Orrego. En su concep­to, el hombre vale por sus más fuertes impulsos, por sus más fuertes pasiones, no por las que se tornan negativas sino por las que ennoblecen. Por eso relaciona las pasiones con la edu­cación en estos términos. Para él, la educación no implica modelar el alma de un  niño, sino como el pasado pre­tende formarlo en su vida .

Con tales ideas, publicadas el año de 1929 en su obra El monólogo eterno, Orrego se adelanta a las corrientes psicope­dagógicas que sustentaron, mucho tiempo después, Vygotsky, Piaget y Ausubel, entre otros. Lo que él sostuvo hace más de 70 años, ahora impregna el quehacer educativo. Efectivamente, Orrego piensa que el profesor no debe formar al alumno a su antojo, a su estilo, a su gusto per­sonal, que no debe imponer un contenido educativo, sino ayudarlo a revelar su personalidad, a descubrir sus potencia­lidades, orientarlo o conducirlo a construir su propio cono­cimiento, a ser protagonista del proceso cultural. Postula, pues, una educación para perfeccionar al hombre en el sen­tido de su humanización, de manifestar o expresar sus cuali­dades como creador de cultura y elevar. La educación para el cambio implica nuevas bases teóri­cas. Por eso Orrego acude a los gran­des teóricos paidocentristas y realiza un vira­je radical que imprime a la enseñanza un nuevo sentido: el viraje del saber y del maestro hacia el estudiante. El maestro no debe preocuparse tan sólo de lo que enseña, del conjunto de conocimientos que posee, sino también es muy importante que se preocupe de cómo enseña, de que debe enseñar realmente y cuál va a ser la influencia y la repercu­sión de sus enseñanzas en el espíritu del alumno.

Orrego se nutre pedagógicamente de los postulados de la escuela nueva buscando el equilibrio; de sus ideas se infiere que el profesor debería formularse preguntas como las siguientes: ¿para qué voy a enseñar?, ¿qué voy a enseñar?, ¿cómo voy a enseñar? y ¿con qué medios voy a enseñar? Sus respuestas serían indispensables para diseñar, implementar, conducir y evaluar el proceso de enseñanza-aprendizaje.

CONFORMACIÓN DE LA UNIVERSIDAD

Cuando el Senado de la República debatía el proyecto del Estatuto Universitario (1946), Orrego, desde su curul, defiende la idea de universidad conformada por profesores, alumnos y graduados, como ahora la entendemos.

En 1923, en el fragor del movimiento de la reforma universitaria, se había sostenido un artículo periodístico que por  falta de entendimiento entre profeso­res y alumnos, no se podía esperar ninguna enseñanza viva, ninguna crea­ción efectiva para la sociedad y con proyección hacia el futu­ro. El criterio de que la Universidad está consti­tuida, únicamente, por el profesorado revela un concepto de la enseñanza. La Universidad no se ha hecho para mantener catedráticos, sino para "enseñar alumnos". Son estos, pues, la materia viva, la materia moldeable, el cuerpo y el alma necesaria. La enseñanza debe sujetarse a sus exigencias y necesidades espirituales, las que deben fijar las condiciones de la docencia.

Si el profesor es el elemento responsa­ble de prestar el servicio al estudiante, a éste se le considera como la sustancia viva e indispensable de la universidad, que merece ser atendido en todo lo necesario para su forma­ción.

MISIÓN DE LA UNIVERSIDAD

Para Orrego, no basta tener infraestructura, legislación y régimen académico impecables, lo importante es que la uni­versidad se vincule y responda a la realidad natural y social circundante.

Es decir, la universidad no puede transferirse o trasladar­se de una realidad a otra diferente, sino de una institución creadora de cultura. Esta orientación de la universidad implica creatividad, buscar lo auténtico sin olvidar el aporte de otras culturas y for­mulaciones del pensamiento que no se relacionan con lo nues­tro, con lo peruano y latinoamericano.

UNIVERSIDAD DINÁMICA E INTEGRAL

Según Orrego, la universidad no puede quedar margi­nada de su contexto social, por lo que debe cumplir un rol protagónico y vital, lejos de las aspiraciones juveniles y del grito angustioso del pueblo. Èl concibió a la universidad como un organismo vivo cuyos pro­cesos de crecimiento y estructuración son incesantes.

A una universidad dinámica e inte­gral, la sociedad va cambiando, lo mismo que debería hacer la universidad. La universidad pa a ser una institución activa y ágil, sus miembros serán emprende­dores, resolutivos, una universidad en cuyas aulas se ofrece cultura general y especializada. Una universidad que forma exper­tos en la aplicación de su disciplina científica, pero al mismo tiempo humanistas, académicos, que tengan el sentido gene­ral del mundo y de la historia, todos ellos hombres de amplia cultura y con claros conceptos de los problemas sociales, morales, políticos y económicos de su época.

EL PROCESO DE ENSEÑANZA-APRENDIZAJE

El maestro Antenor Orrego crítica la docencia europei­zada y le recomienda actuar con realismo. Exige a los docentes de ele­vada capacidad creativa y una enseñanza orientada a cono­cer y amar el Perú y América; es decir, una enseñanza en  valores y normas de vida. Invoca a la juventud a buscar ruta propia, descubrir, comprender y transformar nuestra realidad, cum­pliendo así su misión histórica.

Rechaza la enseñanza centrada en formar profesionales y que descuida la educación del hombre culto así como la tarea investigadora. Él ve al colegio universitario como una fuente de cultura gene­ral, científica y humanística, el pórtico de la formación pro­fesional y de la investigación. Este organismo prepara el cerebro del estu­diante para convertirlo en herramienta eficaz de conoci­miento, de estudio, de curiosidad y de investigación.

"El profesional no sólo debe ser un hombre que sepa mirar aguda y profundamente a través del ojo estrecho de una cerradura, sino también un hombre de mirada pano­rámica, que no se asuste frente al miraje total del horizonte y que sepa darse cuenta del conjunto del mundo, de la Histo­ria, de la Filosofía y de la Ciencia como síntesis global del conocimiento humano".

Por tanto, el colegio universitario debería regir el pro­blema de la cultura desde cuatro aspectos:

1° El proceso his­tórico del hombre (historia)

2° La concepción de los fines de la vida humana (filosofía)

3° La imagen física del universo (fí­sica y química)

4° Los fundamentos de la vida orgánica (biología)

Pero el alumno, para llegar a ser hombre culto, no debería aprender tales contenidos, sino lo que representan las disciplinas académicas como aporte, orientación, renovación, aumentar la totalidad del saber y del conocimiento con­temporáneo.

La realidad de nuestro tiempo confirma las previsiones orreguianas. El estudiante y el profesor  se comprometen en dar a conocer y usar contenidos para no quedar a la zaga de los formidables aportes de la inteligencia. Orrego defiende una enseñanza de métodos dinámicos.

Existe una semejanza entre las ideas orreguianas con las divulgadas en los últimos tiempos. Sin embargo, los principios del pensa­miento de Orrego son anteriores a la difusión de dicha ten­dencia.

La enseñanza propuesta por Orrego, se introduce en el espíritu de los alumnos hasta incorporarse como verdaderas normas de su existencia, lo que conlleva a la idea de una universidad de tipo nuevo, con verdadero sentido docente, en la cual el profesor no se contenta con el simple y estricto cumplimiento de sus programas, y el alumno sola­mente se preocupe por aprobar los exámenes, sino que ambos sean hacedores de una cultura y constructores de conoci­miento. 

EL ESTUDIANTE Y EL DOCENTE

Su libro Pueblo-Continente está expresamente dedicado a las nuevas generaciones. Invita pues a la juventud a emprender la búsqueda de nuestra América, alejándose del mágico hechizo de la imaginación exótica, para encontrar su propia y auténtica ruta, que con esfuerzo tendrán que  seguir.

Poniendo énfasis en esta problemática, analiza el daño mental producido en la juventud latinoamericana por el plagio y el transplante irracional de ideologías de hombres que viven otras realida­des.

Pero no siempre el profesor es maestro. El profesor ejer­ce su labor en razón de un título profesional, a veces sin una verdadera vocación por la carrera; el maestro es tal por la resultado de su mensaje, no por un diploma. El profesor puede recitar en clase el contenido de un libro y creer que cumplió su tarea; por el contrario, el maestro debe crear y vivir la relación espiritual entablada con sus dis­cípulos, sea en el aula, en el laboratorio, en el taller u otro ambiente donde se realiza la acción educativa.

Orrego dife­renció profesor de maestro en sus escritos, pero por su belleza y profundidad pedagógica, es insuperable la semejanza que hizo entre ambos.

El docente y el alumno conforman el binomio de la rela­ción pedagógica. Según el tipo de esta relación surgida en el aula: instrumental, exclusiva y fríamente centrada alrededor del contenido educativo, o expresiva, llena de mensajes estimulantes y de afectividad, lo que demostrará que el alumno aprende el contenido de una clase y trata de rendir satisfactoriamente las pruebas del examen; en cambio, se hablará de discípulo cuando busca internalizar valores como comportamientos per­manentes, integrar ideas y hábitos positivos en una filosofía de la vida.

Las juventudes reformistas de la generación de Orrego pensaron a lo largo y ancho de América Latina que la docencia en esta parte del mundo habría de caracterizarse por ser, principalmente una docencia ciudadana, educación civil y política. En un Esta­do en el cual no se respetaban los derechos humanos, la uni­versidad no podía vivir encerrada como en un claustro colo­nial, ciega, sorda, muda, insensible a las angustias populares y al grito de las multitudes. Tenía y tiene la responsabilidad de proyectarse socialmente y asumir un com­promiso con la justicia social.

UNIVERSIDAD E INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA

El maestro Antenor Orrego realizó un análisis del continente, donde se fundieron todas las razas y culturas del mun­do. La integración de los pueblos y culturas en América, otorgan sentido cósmico al hombre de este continente. Y este hombre, síntesis de todas las razas y cul­turas, es el que debe elaborar un nuevo mensaje cultural de honda orientación humanista y ecuménica. La fusión de los elementos culturales propios con los europeos está tomando una dimensión que hará visible en el futu­ro la expresión cultural de América; cultura que no la lograremos imitando, sino que será original de nuestro propio ser.

Consecuentemente, si América Latina trata de liberarse del dominio económico, político y cultural, dejando atrás el subdesarrollo y encontrarse a sí misma, el resultado nos indica que ello sólo se podrá conseguir mediante el concurso de una educación sustentada sobre la base de una filosofía de la identidad nacional y de la origina­lidad creativa.

La dinámica económica y política del mundo contempo­ráneo dejó atrás los pueblos-isla; ahora vivimos el tiempo de los pueblos-continente.

Las decisio­nes adoptadas en los planos económico y político deben difundirse en la conciencia ciudadana, para abrir caminos y plasmar convicciones en la población. Se impone por ello la necesidad de formar la conciencia integracionista. Tal labor le corresponde a la escuela, a los medios de comu­nicación y a todas las instituciones con potencialidad educa­tiva.

Dejó valiosos escritos que de modo expreso tratan sobre asuntos educacionales, y en especial sus ideas perteneciente a la universidad, lo que ayudará a la integración de nuestro pueblo-continente. Esta misión institucional deberá realizarse por medio de todas las facultades y cátedras. Orrego pide a cada uno de los docentes desplegar sus energías creativas desde el punto de vista del contenido educativo y  la metódica para darle a la ense­ñanza una orientación acorde con la problemática del pue­blo-continente indo americano, buscando nuestra identi­dad cultural, lejos del embelezo europeizante y de la tenden­cia libresca. Además concibe y defiende una universidad dinámica, semejante a un organismo vivo; flexible ante un mundo cambiante por el proceso de la historia y de la ciencia; integral, orientada hacia la formación plena de nuevos hombres, fuente creadora de cultura, para que ese organismo académico, dinámico, flexible e integral, se incorpore gradualmente a la vida total del pue­blo, es necesario el concurso de todos sus miembros, profe­sores, alumnos y graduados, imbuidos de la misión de la nueva universidad: recoger las expe­riencias, intuiciones y esperanzas, la fe y el pensamiento de nuestra América.

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Facultad de Medicina de la Universidad Privada Antenor Orrego. ACTA MÉDICA ORREGUIANA “HAMPI RUNA”. Enero – Abril 2006

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