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Este fragmento de la Obra “Discriminaciones”, Orrego hace una clara diferencia entre el profesor y el maestro, siendo el primero la persona que sólo brinda los conocimientos utilizados en nuestra vida intelectual, y el maestro es quien aparte de enseñarnos, nos hace profundizarlos y aplicarlos a nuestra vida cotidiana.


PROFESOR Y MAESTRO


    El profesor te enseña para que puedas repetir la lección de la cátedra; el maestro te enseña para que puedas construir tu vida. El primero te imparte generalidades abstractas, es decir, teoriza tu propio ser y te empotra, como una simple pieza standard manufacturada en serie, dentro de un esquema rígido. El segundo desciende a la intimidad concreta de tu alma, aflora tu riqueza interior y se constituye en el compañero de tu pasión, de tu agonía interna y de tu drama personal.


    El profesor te esclaviza a un oficio; el maestro te liberta hacia la vida. Con el primero la habilidad de tus manos puede llegar hasta el escamoteo perfecto de la verdad; con el segundo, es preciso que asumas la responsabilidad de tu dolor y que desciendas hasta el hondón abis¬mático de la vida, por sombrío, por tenebroso, por lacerante, por trágico que sea.

    Lo que te da el profesor está siempre fuera de ti y te fija siempre en un gesto; lo que te da el maestro está siempre dentro de ti y vigoriza tus alas para el impulso. El primero es como el agua infecunda y dispersa que no alcanza la raíz de la planta porque no se sume en las entrañas de la tierra; el segundo,'es la linfa creadora que bate el limo, que lo impregna, lo empapa y lo fecunda empujándolo hacia el estallido de su luz en una floración maravillosa.

    El profesor se dirige a tu memoria, anaquel de tu alma, y sus palabras resbalan sobre el recuerdo, como por sobre una losa impermea¬ble, sin lograr infiltración alguna. A lo sumo se dirige a tu vanidad y a tu buena economía.

    El maestro se dirige a tu espíritu, pozo de creación y de sabiduría, y sus palabras siempre urticantes se instalan en el futuro, abolición del pasado muerto. Sólo por él tu posibilidad será mañana realidad creativa y su verbo admonitivo es siempre para ti una tensión dolorosa.

    La palabra del profesor se esfuma, se deshace sin dejar huella sangrienta; la palabra del maestro desgarra tu entraña y se incorpora a tu ser para trascender, como un mandato, en cada uno de tus días.


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Instituto de Investigaciones Cambio y Desarrollo (CYDES). Antenor Orrego: Obras Completas. Editorial Pachacutec. Primera Edición, Setiembre de 1995. Tomo II, pag. 320 - 321

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